La historia de Paolo Garrido y Dani Alcaraz son dos ejemplos de esta espera marcada por el anhelo de una nueva vida. Paolo lleva un corazón artificial mientras espera un trasplante. Dani llevó un corazón artificial durante unos meses hasta que, en octubre de 2024, se sometió a un trasplante de corazón.
El caso de Paolo: una espera con baterías externas
Paolo Garrido tiene 35 años y llegó a Barcelona desde Venezuela en 2017. Su vida dio un giro el 31 de diciembre de 2021, cuando despertó el día de su cumpleaños sin poder mover la mitad del cuerpo. Un ictus cambió su futuro para siempre. “Fue un coágulo en el cerebro y el corazón. No podía levantarme de la cama”, recuerda. Tras una serie de pruebas, le diagnosticaron una cardiopatía genética. Su padre había muerto joven por problemas cardíacos.
La enfermedad avanzó rápidamente. “Tenía muchas arritmias, palpitaciones y fui empeorando”. En 2023 le implantaron un desfibrilador, pero no fue suficiente. En mayo de 2024, sus síntomas empeoraron y le propusieron someterse a un trasplante. Mientras tanto, es necesario que Paolo tenga el apoyo de un dispositivo de asistencia ventricular izquierda, que le permitirá mantenerse estable hasta que llegue un nuevo corazón.
“Ahora lo llevo siempre. Va por dentro y tiene unas baterías que salen por un lado a la altura de la cintura. Es el 50% de mí. Si me lo quito, puedo morir”, explica Paolo, consciente de su dependencia de la tecnología. Siempre va acompañado de un pequeño bolso, como un neceser, con baterías nuevas por si las actuales se agotan. Su rutina ha cambiado: ha aprendido a detectar alarmas y a cuidar con extrema higiene la herida para evitar infecciones. “No puedo ducharme completamente y debo limpiar muy bien la herida cada día. Es una adaptación complicada”. Sin embargo, la asistencia ventricular le ha devuelto la posibilidad de caminar sin ahogarse. “Ahora puedo salir de casa, antes no podía. Estaba siempre cansado”, concluye.
